El Credo de Calcedonia

Introducción a los Credos Universales

Un Credo expresa la confesión pública de lo que la iglesia en sí cree según las Escrituras. Un Credo Católico [1] o Universal expresa la confesión pública de ciertos puntos de la Fe Cristiana y que las iglesias en general e históricamente creen según las Escrituras.
En el artículo 9 de nuestra Confesión de Fe Belga, leemos que “con respecto a este punto [sobre la doctrina de la Santísima Trinidad], aceptamos gustosamente los tres sumarios de fe, a saber, el de los Apóstoles, el de Nicea y el de Atanasio; así como también lo que fue resuelto por los antiguos en conformidad con estos sumarios.”
De este modo las iglesias Reformadas han profesado la unión confesional a las doctrinas Escriturales expresadas en los Credos Universales, mostrando con ello ser “columna y baluarte de la verdad.” (1 Timoteo 3:15).

[1] Catolicidad no es lo mismo que catolicismo. La Iglesia de Cristo es católica y rechaza el catolicismo por ser este último un sistema de pensamiento anti-Escritural. Por lo tanto bien podemos decir que la Iglesia verdadera de Cristo es católica y Escrituralista.

El Credo de Calcedonia

Nosotros, entonces, siguiendo a los santos Padres, todos de común consentimiento, enseñamos a los hombres a confesar a Uno y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en Deidad y también perfecto en humanidad; verdadero Dios y verdadero hombre, de cuerpo y alma racional; cosustancial (coesencial) con el Padre de acuerdo a la Deidad, y cosustancial con nosotros de acuerdo a la Humanidad; en todas las cosas como nosotros, sin pecado; engendrado del Padre antes de todas las edades, de acuerdo a la Deidad; y en estos postreros días, para nosotros, y por nuestra salvación, nacido de la virgen María, de acuerdo a la Humanidad; uno y el mismo, Cristo, Hijo, Señor, Unigénito, para ser reconocido en dos naturalezas, inconfundibles, incambiables, indivisibles, inseparables; por ningún medio de distinción de naturalezas desaparece por la unión, más bien es preservada la propiedad de cada naturaleza y concurrentes en una Persona y una Sustancia, no partida ni dividida en dos personas, sino uno y el mismo Hijo, y Unigénito, Dios, la Palabra, el Señor Jesucristo; como los profetas desde el principio lo han declarado con respecto a Él, y como el Señor Jesucristo mismo nos lo ha enseñado, y el Credo de los Santos Padres que nos ha sido dado. AMEN